Cruzamos a pie el puente que une Zambia con Zimbabwe. Un puente mítico a través de uno de los lugares más historiados del continente africano, las tierras de Livingstone.

Queremos que por un día sea nuestra tierra, nuestro territorio. Queremos visitar y descubrir las cataratas de este lado intentando salir de los senderos convencionales. No me interesan las fotografías de arco iris y todas aquellas imágenes que desde siempre nos han mostrado esta maravilla de la naturaleza.

Después de pasar, casi sin enterarnos, por los controles de seguridad e inmigración de ambos países, buscamos un alojamiento para dejar el equipaje y salir hacia las cataratas.

El sol que durante la mañana parecía querer aplastarnos, ahora ha desaparecido. Unas nubes grises y amenazadoras van cubriendo el cielo poco a poco, como si no quisieran asustarnos. La zona próxima a los saltos de agua son una auténtica selva decorada con lianas, árboles de cuentos de hadas con formas casi irreales y todo tipo de insectos que aparecen y desaparecen como siguiendo un guión preestablecido. De repente, lo que desde hace unos minutos era una fina lluvia, una especie de chirimiri, se convierte en un diluvio. No me ha dado tiempo ni a colocarme el impermeable. No sé cómo proteger las cámaras de este ataque celestial. En menos de cinco minutos nos encontramos completamente empapados. Jorge acaba de descubrir que sus flamantes botas de caña alta no son inmunes a las inclemencias de África. No puede ni caminar ya que sus pies parecen querer achicar el agua que a cada paso salta desde el interior de la bota. No sabe si hay más agua fuera o dentro del calzado por lo que decide salir de los cenagales en los que nos hemos metido.

Filmar en estas condiciones es muy difícil sin un material adecuado para estas condiciones de rodaje. Fotografiar es más sencillo, por lo que decido seguir e intentar plasmar el escenario que me rodea. Ahora sí que me siento como en un cuento, sólo me falta encontrar a los duendes.

D 29 C

D 29 A

D 29 J

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