Puerto Nouakchott Mauritania

Camp en Azzefal Mauritania

Nuevamente en tierras de Mauritania. Durante varios años el país no cumplía los índices de seguridad para poder recorrer libremente su vasto territorio desértico. En la actualidad, parece que eso es cosa del pasado. Un auténtico paraíso de arena para los enamorados del Sahara, de los espacios infinitos y de las sensaciones de libertad. Después de 800 kilómetros de conducción desde que iniciamos la ruta en Dakhla, y de pasar dos fronteras al límite del horario de cierre, nos internamos en el país de las arenas.

Pescadores en Nouakchott Mauritania

Hace algunos años, la ruta desde la frontera hasta Nouakchott, la capital, era una auténtica aventura. No existía la carretera asfaltada, por lo que el 4×4 se convertía casi en la única opción para avanzar por unas extensiones de desierto cubiertas de enormes cordones de dunas. Normalmente, nos dirigíamos a la playa para esperar la marea alta y poder de ese modo avanzar por una superficie plana y dura que nos llevaría hasta el puerto de Nouakchott.

Coches del puerto de Nouakchott

La nueva carretera comienza a ser una línea de agujeros que hay que evitar haciendo un slalom durante el cual uno no se puede dormir, cosa que no era nuestro caso. La fatiga hacía mella y lo razonable era buscar un lugar apartado de la carretera y montar un campamento. Estábamos a menos de una hora de la capital y un cobijo entre las dunas se convertía en buen refugio para despertar rodeado de arena y acacias, una combinación que siempre alegra a los sentidos. Después de un bocadillo, una ducha y montada la tienda lo más lejos posible del coche sobre el que duerme Jesús, ya que sus ronquidos son lo más parecido al paso de una locomotora, caigo sedado mientras aguanto el mayor tiempo posible la visión de las estrellas.

Pescador en Nouakchott

El puerto de Nouakchott es uno de mis lugares preferidos para visitar en la capital. Recuerdo que mi primera impresión al recorrerlo por primera vez, fue la imagen de chatarras oxidadas de cuatro ruedas que por algún misterioso hechizo siguen rodando como si acabaran de salir de la cadena de montaje. Los olores envuelven al más insensible de los olfatos, y el ajetreado ambiente de pescadores, y de ciento de coloridas embarcaciones, hacen de la escena algo inolvidable. Al atardecer, las barcas se van acercando a la orilla dispuestas a descargar toda la captura en un orden y cadencia que se ha mantenido inalterado con el paso de décadas. Acompañamos al sol en su retiro y nos preparamos para la siguiente etapa que nos llevará al interior de otro mar, en esta ocasión de arena.

Atardecer en puerto Nouakchott Mauritania

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