Jaima en el Atlas. Marruecos

Jaima en el Atlas. Marruecos

La visión de una jaima en medio de una zona desértica, cada vez me produce mayor necesidad de  lanzarme a un modo de vivir en el que la palabra libertad adquiere un sentido muy especial. Es el reflejo de una cultura apegada a la vida, a la naturaleza, a los animales, a los espacios infinitos… a valores cada vez más olvidados en la sociedad que a casi todos nos ha tocado vivir.

Los corderos y el nómada. Marruecos

Vivir en una jaima casi siempre es sinónimo de austeridad. Una lucha constante contra los elementos en el que protegerse de las inclemencias meteorológicas es el pan nuestro de cada día. No todas las familias nómadas disponen de medios para tener las cubiertas de lana de mayor calidad. Muchas tienen que recurrir a los plásticos para asegurarse la estanqueidad contra las lluvias constantes que se precipitan en las alturas de las montañas del Alto Atlas.

Niños bereberes en jaima. Marruecos

En ese arte de vivir en plena naturaleza, los más pequeños han aprendido las normas impuestas por el medio en el que residen. Saben hacer fuego y la importancia que éste tiene para su supervivencia. El fuego no es sólo un elemento que sirve para cocinar, calentarse, iluminarse o ahuyentar a animales peligrosos. Sirve de punto de encuentro a los miembros de la familia o amigos que se sientan en torno a la llama a beber un té, charlar sobre historias acontecidas o tomar decisiones. Esos momentos y esa tradición oral, ayudan a mantener en el tiempo la cultura de uno de los pueblos más antiguos del norte de África.

Preparando el pan. Marruecos

Pueblos autosuficientes para poder sobrevivir a un aislamiento geográfico impuesto por la búsqueda de pastos y condiciones meteorológicas adversas . En sus desplazamientos cargan con todos los utensilios y enseres para poder cocinar y alimentarse. Harina de trigo, cebada silvestre, tubérculos molidos y agua, son los ingredientes de la receta de pan más antigua del mundo y que data de hace más de 14.000 años. La masa conseguida con la harina fina y el agua, se pone sobre las piedras calientes o se entierra en la arena bajo las brasas. A los pocos minutos se obtendrá un pan crujiente listo para comer.

Telar en la jaima. Marruecos

Desde muy pequeños los niños aprenden a hilar y tejer las lanas de cabras, ovejas y dromedarios. Poco a poco se van consiguiendo largas tiras que se coserán posteriormente para formar los techos y las paredes de la tienda. Los telares se encuentran dentro de la jaima y se trabaja continuamente en ellos para crear más tiras de tela con las que reparar, sustituir o ampliar la vivienda. La tela creada tiene una característica muy importante: con el calor las fibras se abren y dejan circular el aire y con la lluvia se contraen y compactan, impidiendo que el agua entre en el interior.

Rayo en la jaima. Marruecos

Estas poblaciones nómadas han aprendido a leer el cielo, a convivir con los rayos y las tormentas y a prever las lluvias. De ellas dependen sus desplazamientos en búsqueda de los pastos para sus animales. Alrededor de la tienda suele levantarse un muro de piedra para proteger del viento y de las riadas. Los espacios de la cocina se ubican entre la tienda y el muro de piedra.

Esperando la lluvia. Marruecos

Mbarak está indeciso. No sabe si desplazar el campamento en busca de tierras con más pastos, o esperar que las lluvias que han empezado a caer hagan rebrotar la hierba lo suficiente para continuar en el lugar durante más tiempo. Las cabras y las ovejas están hambrientas después de una sequía que ya dura algunos años. Estamos en septiembre de 2018 y parece que la madre naturaleza se apiada de los que han soportado con estoicismo la visión de una tierra desnuda y falta de nutrientes para los animales.

Comiendo en la jaima. Marruecos

Salam Aleikum, que la paz esté con vosotros. Esa es la frase de presentación al entrar en el mundo privado del interior de una jaima. Aleikum bi Salam, que la paz esté contigo, esa es la respuesta por parte de los presentes, una invitación a compartir ese momento. Al poco tiempo, seremos agasajados por los anfitriones que, a diferencia de la sociedad occidental en la que vivimos, nos mostrarán hasta qué punto puede llegar la hospitalidad de una gente capaz de dártelo todo sin ni siquiera conocerte y sin esperar nada a cambio.

Interior jaima. Marruecos

La jaima es una vivienda móvil que tiene que ser transportada por los animales, generalmente burros. Está montada sobre unos palos o mástiles de madera, a veces tallada para decorar el interior, y tensados mediante cuerdas hechas también con lana.  Suelen medir entre 6 y 12 metros de longitud. Las grandes están compartimentadas para que las mujeres tengan su propio espacio. Sus escasas pertenencias se reducen a algo de ropa, mantas y alfombras, infiernillo, teteras, cacharros para cocinar, bidones para transportar el agua y el aceite, sacos de harina y bloques de azúcar y, un transistor para escuchar las cadenas de radio y estar comunicados con el mundo. Las bolsas que aparecen en la fotografía son donaciones de ropa que siempre llevo en mi coche cuando voy en busca de estas poblaciones.

Entrada de la jaima. Marruecos

Justo antes de levantar su tienda para dirigirse hacia Ait Hani, este nómada ofreció algo de mucho valor, su tiempo y el té. Estamos a 25 kilómetros de Imilchil, y hasta este lugar han llegado nómadas en una cita anual que tiene como objetivo la compra, venta e intercambio de animales. Hasta aquí han llegado los nómadas portando unas tiendas más ligeras para cobijarse y protegerse durante los días de mercado. Es un buen momento para intercambiar historias con otros pastores o amigos a los que no han visto desde hace mucho tiempo.

Cielo amenazando. Marruecos

Las jaimas improvisadas para protegerse de la lluvia sirven para montar refugios en los que poder alimentar a los pastores recién llegados a este mercado. Durante varias jornadas han caminado bajo unas condiciones que este año han sido especialmente duras. Sin embargo, el cielo parece regalar momentos de luces casi irreales.

Atardecer en campamento. Marruecos

Una vez más, la luz se apaga despidiendo otra jornada. Es el momento de regresar al amparo de las tiendas y al calor de las hogueras. Rítmicos cánticos han tomado el relevo al silencio que inundaba el lugar. Me bato entre las ganas de salir de mi tienda y disfrutar junto a los pastores, o quedarme sedado por la magia del momento. Al final opté por la segunda opción, una excelente ocasión para entrar en los sueños de un nómada.

Hoguera en la jaima. Marruecos

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