Segunda etapa 22/06/22

No ha cesado de llover a lo largo de toda la noche, un fabuloso regalo que agradecemos, aunque no tanto como los animales, la vegetación y la población local. Las plantas florecen de un modo milagroso dando color al mundo pétreo que nos rodea. Al amanecer observamos las magníficas formas de las montañas del Anti Atlas.

Antes de seguir las pistas rumbo a Tata, preferimos explorar el valle en el que nos encontramos. Tenemos que hacer un esfuerzo para reconstruir mentalmente los graneros colectivos que ahora no son más que un montón de piedras. En una de las aldeas, los pocos lugareños que aún quedan aferrados a su tierra, intentan mostrarnos lo que fue el poblado que les vio nacer.

De qué vivirá esta gente? Esa es la pregunta que nos hacemos cuando nos internamos en estos pequeños núcleos de población apartados del mundo. Es muy desagradable ver kilómetros de campos de cultivos convertidos en un auténtico erial, tierras que mantenían a miles de familias que ahora emigran hacia las ciudades.

Las nubes han desaparecido dando paso a una tormenta de arena bajo un calor asfixiante. Preferimos no quejarnos si lo comparamos con lo que nos puede esperar en el sur de Mauritania.

 

Hemos parado en Goulmime para reparar la amortiguación trasera de nuestro vehículo. Uno de los balones de la suspensión neumática se ha roto y tenemos que sustituirlos por muelles en el interior de los que ya tiene. Las condiciones de las pistas por las que pensamos transitar en Mauritania, sobre todo al viajar solos, no permiten lugar a errores. 

Khalid, el mecánico que está transformando nuestra amortiguación, acaba de terminar. Son las 20:15 horas y es ya casi de noche, por lo que preferimos seguir haciendo kilómetros y acercarnos a la costa para acampar. Hoy no hay mucho más que contar

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