Mujer con cántara. Marruecos

Las más jóvenes, que ya han aprendido desde la infancia, continúan y ayudan en el trabajo doméstico bajo la tutela de la madre. Cuando los pequeños no están en la escuela ya realizan labores importantes para el relevo generacional que asegurará un buen funcionamiento en el engranaje social de las comunidades más aisladas.

Chicas moliendo grano. Marruecos

El agua es la vida para cualquier ser viviente y, gracias a ese deseado elemento, los pueblos se han desplazado y cambiado de asentamiento a lo largo de la historia de la humanidad. Las comunidades de la cordillera del Atlas están en gran ventaja sobre sus vecinos de las zonas desérticas y pre desérticas. Los ríos y los manantiales son una bendición ya que durante todo el año garantizan el avituallamiento del oro líquido.

Bereberes lavando en río. Marruecos

El agua ya no es tan abundante como antaño, sobre todo en las zonas pre desérticas, y las lluvias han dejado de caer de un modo casi predecible. Cada vez es más frecuente invocar al más allá para propiciar la llegada del agua bendita. Las más afortunadas disponen de mulas para ir a los manantiales o a los pozos para llenar sus bidones y recipientes. Otras mujeres, por el contrario, tienen que caminar kilómetros para poder transportar en su ya pesada cántara de barro, los escasos 20 litros recogidos del pozo.

Con las mulas en fuente. Marruecos

Aguadora entre patas mula. Marruecos

Lavar es otra de las tareas diarias de las mujeres. Ya sea en un río, junto a un pozo, en una acequia, en medio del bosque calentando el agua en grandes recipientes mediante una hoguera, o en un cubo junto a un grifo en la puerta de la casa, el trabajo se realiza casi siempre en comunidad. En muchas ocasiones, los márgenes de los ríos se convierten en auténticos caleidoscopios formados por decenas de telas y tapices secándose sobre las piedras.

Lavandera desde arriba. Marruecos

Lavando en río. Marruecos

En esta operación participan todas las féminas, desde las niñas más jóvenes hasta las mayores en edad de golpear, pisotear y retorcer, una y otra vez, las prendas más pequeñas o las alfombras del hogar. Da igual si hace frío o está lloviendo. Para ellas, las máquinas semiautomáticas de lavar son un lujo al alcance de los que tienen electricidad y los medios económicos para poder comprar una.

Lavando en Toufrine. Marruecos

Familias lavando en río. Marruecos

Los establos son otro de los centros de atención diaria de las mujeres ya que los animales constituyen una parte fundamental en la dieta de los bereberes. Las familias siempre disponen de recintos para guardarlos. Éstos, no solamente les sirven de transporte, sino de alimento mediante la producción de leche, carne y huevos. Por eso, parte de ese trabajo en el campo se dedica a recoger alfalfa y otras plantas para alimentar a esos animales que en ocasiones reciben un trato como si fueran un miembro más de la familia.

Establo Ait Alla. Marruecos

Chicas en establo. Marruecos

Las mujeres mayores que ya no están en condiciones de salir a trabajar, se dedican a labores más domésticas como la preparación de la harina para hacer el pan, el cuidado de los más pequeños, o de la cocina para preparar la comida a los que están trabajando en el exterior.

Bereber con molino en puerta casa. Marruecos

Familia Tazaoute. Marruecos

Con tantas faenas a realizar durante la jornada, raro es el momento para encontrar un merecido descanso. A lo más que muchas mujeres pueden optar para salir de la monotonía, es a escuchar la pequeña televisión colgada en algún punto de la casa. Estas cajas de fantasías, alimentadas por electricidad normal o por energía solar, son un buen medio para transportarlas a un mundo ficticio creado por las telenovelas made en Egipto o en Turquía.

Familia Bni Mhamad. Marruecos

En la rutina diaria cada componente familiar tiene asignada una misión para asegurar la supervivencia del grupo. Con el paso del tiempo y de otras influencias, los hombres empiezan a compartir los roles que hasta ahora han sido coto cerrado de las mujeres, motor indiscutible de estos pueblos. Nuevas luces parecen entrar en la sociedad marroquí.

Casa de Sana. Marruecos

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