Caravana entre dunas. Marruecos

Caravana cresta duna. Marruecos

3 de febrero 2021. Llevamos más de 4 horas ininterrumpidas de marcha. El termómetro de mi reloj marca 43,3ºC y la caravana sigue su avance imparable. Sólo el sonido relajante del viento y el rítmico caminar de los dromedarios sobre la blanda superficie del terreno, rompen la monotonía que inunda la inmensidad del espacio que nos rodea. Un entorno misterioso que no se abre a cualquiera y que parece poner a prueba a todo foráneo que irrumpe en sus arenas. En ocasiones, siento un estremecimiento interior fruto del desconocimiento ante lo que me espera y, sobre todo, debido a la enorme fragilidad que uno percibe en medio de este inquietante universo mineral.

Caravana desde el aire. Marruecos

Me reconforta la seguridad que me proporcionan los camelleros que conducen la caravana. Seres extraordinarios que habitan estas tierras desde tiempos inmemoriales. Son los grandes nómadas del desierto, personajes que saben adaptarse al ritmo y a los rigores del medio. Hombres y mujeres que se cruzaban en mi camino durante mis expediciones saharianas por los desiertos del norte de África. Pero siempre, representaban visiones fantasmagóricas que aparecían súbitamente en medio de una tormenta de arena, de una llanura infinita o de un demoledor mar de piedras para volver a desaparecer en la nada. Ahora, el destino me brinda la ocasión de acercarme sutilmente a ese club selecto de personajes de leyenda. Personajes sencillos como los que aparecen en las siguientes dos fotografías tomadas en el desierto mauritano, pero que han marcado mi manera de ver y sentir a este pueblo nómada.

Mauras. Mauritania

Ver la media de edad de los guías de la caravana, disipa la necesidad de exteriorizar la sensación de fatiga que siento. Un orgullo que tengo que encajar para demostrarme a mí mismo, que no a ellos, que puedo ser uno más del grupo. Los más de 10 kilos que acarreo sobre mi cuerpo entre material fotográfico, trípode y agua, van minando mis fuerzas. Podría transportar mi equipaje sobre alguno de los dromedarios como hice el primer día, pero al alargarse la caravana y, siguiendo los designios de la inexorable ley de Murphy, cuando necesitaba algo de mi mochila, ésta se encontraba en el animal más alejado.

Caravana Mauritania.

Las caravanas procedentes de los ríos Senegal y Níger, llegaban a Marruecos en número superior a los 2.000 animales, transportando básicamente oro, marfil, sal, plumas de avestruz y esclavos. Poco a poco, el número de dromedarios se fue reduciendo paulatinamente. Las últimas entradas en Marruecos datan de los años 70. Después, la política y las fronteras, terminaron con uno de los tránsitos comerciales más grandiosos del planeta. Puedo imaginar esas interminables hileras de animales que durante años transitaban de los imperios de Ghana y Mali hacia Marruecos y viceversa. Partían desde Sijilmasa y los oasis del Draa, guiadas por bereberes nómadas que conocían la ruta y los pozos. La plenitud de este comercio se inició en el siglo IX dC. Gracias a ello, existió un intercambio de cultura, de productos y de creencias que ayudó a estrechar vínculos tribales. De aquella época dorada, existen multitud de grabados y dibujos que se han ido guardando en mi memoria para servir de abono a mis ansias de reproducir aquellas escenas.

Ghana caravanas

Han pasado varios siglos desde que se dibujó esta representación. Sin embargo, la realidad que en algunos momentos estoy viviendo, reproduce sorprendentemente ese mundo fantástico de aventureros y comerciantes cruzando el mayor desierto del mundo. Ahora, más que nunca, entiendo a aquellos viajeros y exploradores que arriesgaban sus vidas atraídos por el magnetismo del Sáhara. Salvando las distancias, me pongo tímidamente en la piel de personajes como George Lyon (1795 – 1832) y sus descripciones de las tormentas, espejismos, fauna y esclavitud; Heinrich Barth (1821 – 1865) con sus apuntes geográficos durante un periplo de 16.000 kilómetros a través del desierto; René Caillié (1799 – 1838) conocido por ser el primer europeo en regresar de Tombuctú; Wilfred Thesiger (1910 – 2003) con su descripción del desierto de Arabia en el Empty Quarter y sus fantásticas fotografías; Theodore Monod (1902 – 2000) con sus estudios naturalistas del Sáhara; T. E Lawrence (1888 – 1935) y sus luchas por la libertad de los árabes y, por último, el desconocido polaco Kazimierz Nowak (1897 – 1937) con su periplo durante 5 años cruzando el continente africano en bicicleta y en dromedario.

Caravana entrando oasis. Marruecos

Por la llanura. Marruecos

Nada parece alterar el ritmo de la caravana que sólo se ve roto por una inesperada parada ante el impulso de alguno de los animales para llevarse alguna hierba a su boca. Cada cual está sumido en su mundo interior, en una especie de peregrinación en la que no hay lugar para esconderse. Por eso, aquí es más fácil encontrarse con uno mismo. En ocasiones hay sensaciones encontradas. Hay momentos en los que el vasto e infinito espacio te hace sentir pequeño, pero al mismo tiempo grande, por percibir que eres capaz de seguir las normas y reglas que permiten sobrevivir en este mundo bello y hostil.

Oteando desde la acacia. Marruecos

Los caravaneros me han enseñado a mirar y observar lo que nos rodea, una manera de sentir de una manera más directa nuestro parentesco con la naturaleza. Ante esta simplicidad hay que aprender a ver la vida, a descubrir las claves de adaptación y de supervivencia. Sobre este suelo nos dejamos llevar al ritmo que imponen los animales que nos acompañan. Los espejismos parecen atraernos hacia un mundo en el que a veces es difícil separar lo real de lo irreal. Aparecen como una fantasía capaz de entretener nuestra imaginación ante el transcurrir del tiempo. En el desierto todo es cambiante, nada parece seguir reglas ni lógicas. Recuerdo un comentario que se me quedó grabado en la memoria, que decía que el Sáhara parece querer burlarse de todo el que lo visita, ya sean exploradores, cartógrafos o geógrafos. Qué razón tenía.

Hacia el espejismo. Marruecos

Atardecer caravana. Marruecos

El crepúsculo se presenta como un premio después de la larga jornada. Hoy hemos montado el campamento más tarde de lo habitual. Nuevamente, las dunas parecen cobijarnos bajo un cielo que invita a la ensoñación, a la contemplación y al encuentro con las historias que cada cual lleva en su interior. Mientras Lhu amasa la harina para cocinar el pan en las brasas y la arena, Hussein recita poemas y cuenta historias vividas y oídas en sus décadas de travesías por el Sáhara. Ibrahim Sbai me sirve de traductor para comprender las fantásticas narraciones. En momentos así, siento no haber puesto más empeño en aprender la lengua nativa.

Cielo estrellado camp. Marruecos

Antes de que la luna haga su aparición, disfrutamos de un cielo que nos invita a viajar por universos lejanos. Junto al fuego, los más experimentados muestran sus conocimientos estelares. Se sienten orgullos por no necesitar una brújula para encontrar el rumbo que durante multitud de noches les ha guiado y llevado a buen puerto.

Cena en camp. Marruecos

 

Mientras se cocina en la cazuela un guiso de verduras con la carne del cabrito sacrificado durante la primera jornada, Lhu narra la aventura vivida cuando hace años uno de los dromedarios pisó una mina antipersonal. Los animales se espantaron y se perdieron sin que muchos de ellos pudieran ser recuperados. Además, el esfuerzo en la búsqueda mermó la cantidad de agua que disponían para llegar hasta el siguiente pozo. Por la expresión en su rostro, intuyo el horror que tuvo que vivir hasta que finalmente y, en el último momento, pudieron encontrar agua.

Levantando al camello. Marruecos

Después del alba y de las primeras oraciones, todos se disponen a recoger una vez más el campamento. Cada cual sabe perfectamente su cometido. Una maquinaria que ha sido engrasada después de décadas de movilidad con sus casas ambulantes, las jaimas. Una perfecta combinación entre la solidez de construcción y la finura de los tejidos con las que han sido elaboradas. Una morada concebida con la aportación de los animales y el arte de las mujeres que durante generaciones han sabido transmitir las técnicas de construir esta vivienda con alma. La jaima es algo que va unido a la mujer que la tejió. De hecho, si un día se divorciase de su marido, se llevaría consigo la jaima, un noble elemento social bajo el que también se ha tejido gran parte de la cultura del nómada.

Caravana Mauritania sepia.

Esta imagen superior tomada en Mauritania a lo largo de la ruta caravanera que unía con Marruecos, muestra una escena que se resiste a desaparecer. Un recuerdo que tenía en mi mente y que en poco cambia con lo que estamos viviendo a lo largo de nuestra travesía. Los dromedarios, cargados con sacos, se disponen a llegar a Tichit, una de las etapas de las antiguas caravanas. Estos animales espartanos y resistentes, procedentes de Arabia, piden poco y sin embargo, brindan a sus dueños todo lo necesario para sobrevivir. La leche de camella es una exquisitez y una gran fuente nutritiva entre los nómadas. Según me comentaban, con la ingesta diaria de un vaso de su leche y tres dátiles, se podría sobrevivir durante muchos días sin desfallecer. Su capacidad de carga, 150 kilos en condiciones normales, y las distancias diarias que pueden llegar a recorrer, – hasta 40 kilómetros – permiten el transporte de mercancías por lugares en los que el acceso a motor es complicado o casi imposible.

La gran llanura. Marruecos

Durante estos días, también he aprendido a respetar y a desconfiar de estos animales. En tono de humor, un amigo me comentó en una ocasión: ¿Quién puede confiar en alguien que es capaz de estar sin beber durante una semana? La pregunta tiene algo de razón. En dos ocasiones recibí una senda coz por caminar próximo a las patas traseras mientras filmaba. Por suerte, los disparos erraron y a punto estuvieron de impactar en alguna de mis partes más queridas.

Árboles del desierto. Marruecos

La búsqueda de pastos y agua es el leitmotiv de los desplazamientos de los nómadas. Los árboles y arbustos son verdaderos diamantes en medio del desierto. Hussein nos enseño las propiedades de cada una de las plantas como fuente medicinal y nutritiva, tanto para los animales como para las personas. Nos ofreció más de una clase magistral sobre medicina tradicional. Él es el encargado de proporcionar leña para el fuego nocturno, para arrancar plantas con las que condimentar la cena o añadir al té y para decidir las paradas diurnas para aprovechar los esporádicos pastizales que encontramos a nuestro paso.

Troncos desérticos. Marruecos

Durante siglos, las caravanas no han servido únicamente para el transporte de mercancías. Han sido un medio de difusión de los saberes y conocimientos tradicionales de los diferentes pueblos. Un principio que Ibrahim Sbai quiere valorizar con la Caravana Taragalte. Una formula para compartir la cultura y para unir sociedades tribales que durante siglos han tenido al dromedario como nexo de unión.

Caravana bajo la acacia. Marruecos

Mientras los animales ramoneaban entre las ramas de las acacias, Hussein intentaba explicarme las hojas que hay que arrancar para hacer infusiones con las que mejorar los problemas estomacales. Sin embargo, bajo la sombra del árbol, lo único que me pedía el cuerpo era tumbarme aprovechando su frescor y poder así recuperar algo de energía que me permitiera seguir lo que nos faltaba de travesía. En  ningún momento pregunté cuánto quedaba o a dónde íbamos. Desde el principio tuve claro que por una vez, quería dejarme llevar sin preocuparme de la hora que aparece en mi muñeca. Como ellos dicen, nosotros tenemos el reloj y ellos el tiempo.

Mirando con prismáticos. Marruecos

Un nuevo campamento y un nuevo escenario para seguir escuchando historias. Mientras unos se encargan de volver a montar las jaimas, otros desplazan a los dromedarios hasta lugares en los que poder nutrirse con el pasto. Desde lo alto de las dunas controlan con sus viejos, pero potentes prismáticos, que los animales no se pierdan en la inmensidad, ya que antes del ocaso tendrán que regresar al vivac.

Desayunando junto a fuego. Marruecos

Cuando ya está todo bajo control, llega el momento del té, del esparcimiento y de las oraciones para agradecer que un día más ha pasado por sus vidas. Nuevamente la preparación del pan y de la cena, aunque en esta ocasión la música tiene un papel predominante en la velada. Un momento de silencio al que los nómadas tienen mucho respeto y que sólo se ve roto por los cantos de los señores del desierto. Notas y letras que hablan de historia, de amores y de recuerdos que afloran emociones entre todos los que se han dejado llevar por el hechizo de la melodía y el fuego.

Retrato de Khatar. Marruecos

Charlando junto al fuego. Marruecos

Noche bajo las estrellas. Marruecos

La caravana ha llegado a destino, y mi cabeza, fiel a ese espíritu nómada, ya está a las puertas de una nueva travesía que continúe la ruta marroquí que trazaron las antiguas caravanas para alcanzar los mercados al norte del Atlas. Una caravana que unirá su ruta a la mejora y bienestar de esas comunidades nómadas de la región del Valle del Draa. La perseverancia de Ibrahim Sbai ha conseguido que los deseos se conviertan en algo tangible. La Caravana por la cultura y la paz se ha hecho realidad. Ahora intentaremos romper imaginariamente esas líneas fronterizas para que Taoudeni, Araouane, Tombuctú, Chingueti o Tichit, vuelvan a ver las huellas de todos aquellos que, al igual que yo, deseamos ralentizar la sociedad globalizada en la que vivimos para recuperar valores perdidos en el pasado y ocultos en las arenas del grandioso Sáhara.

Juan Antonio con camelleros. Marruecos

 

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