Bereber capa Imilchil. Marruecos

Chicas en Hara. Marruecos

Si hay algo que no escapa a la atención cuando se viaja por las montañas del Atlas o los pueblos del sur de Marruecos, es la vestimenta de las mujeres. Éstas, son las que aún conservan la indumentaria que las asocia a una tribu o a un clan. La base es una tela larga rectangular de color blanco o azul índigo cubriendo el cuerpo y sujeta por dos fíbulas de metal. En la actualidad, muchas mujeres sustituyen la fíbula por un imperdible. En la cintura se coloca un grueso cinturón de lana trenzada con los colores de la tribu.

Bereber descansando. Marruecos

Esta vestimenta se recubre con una manta de dos metros de ancha por dos metros de larga que se lleva sobre la espalda y que puede llegar a cubrir la cabeza o a tapar la boca ante la presencia de un desconocido o incluso para protegerse del “mal de ojo”. La mayoría de las mujeres tienen dos mantones, uno de uso diario en los fríos días de invierno, con los que también se tapan para dormir y, otro más nuevo, para las festividades. La manta lleva también los colores que identifican a un territorio o a un grupo tribal.

Anciana y niño. Marruecos

Sin embargo, los hombres visten casi todos de la misma manera: una chilaba sobre una camisa de mangas largas y una especie de albornoz sobre la espalda. Casi siempre llevan un cuchillo y una bolsa de cuero colgados del hombro y, sobre la cabeza, un turbante cuidadosamente enrollado.

Mujer y chico Imilchil. Marruecos

Otro de los elementos característicos y diferenciadores de las tribus bereberes son los peinados que llevan las mujeres. Este elemento es el que más ha desaparecido con el paso de los últimos años. Ahora es raro encontrar mujeres que dediquen parte de su tiempo en la delicada operación de trenzar, untar con henna y adornar con joyas y diferentes objetos sus largos cabellos.

Bereber y peinado. Marruecos

Las fiestas o las grandes celebraciones son los mejores momentos para disfrutar de la visión de un aspecto cultural que enaltece la belleza de las mujeres, desde las montañas hasta las dunas del desierto. En algunos rincones de lo más profundo del Alto Atlas parece que el tiempo se ha detenido. Tras las antiguas puertas de madera de las viviendas, sigue existiendo un modo de vida que muestra la historia viva de Marruecos. Pequeños reductos que todavía resisten a las influencias procedentes del exterior.

Peinado y henna. Marruecos

Los tatuajes son otro elemento más para diferenciar a un grupo tribal de otro. Puede que uno de los tatuajes más antiguos encontrados en el norte de África sea el que procede de la momia de Amunet en Egipto, una sacerdotisa que portaba diferentes tatuajes que revelaban su estatus y posición social. En este caso los dibujos no estaban realizados en la cara, como es el caso de las mujeres bereberes. Sin embargo, lo que sí parece común es la técnica utilizada para su realización: punción con una aguja y tinte obtenido de plantas como la henna o las habas.

Novias en Merzouga. Marruecos

Las mujeres bereberes suelen mostrar el tatuaje sobre la barbilla, la nariz y la frente. La forma de los dibujos indica la pertenencia a uno u otro grupo tribal, pero también protege contra el “mal de ojo”, enfermedades y desgracias. Gran parte de la perdida de esta tradición se debe a que amplios sectores de la sociedad los considera una especie de pecado, de acuerdo a una interpretación más estricta de la religión. Incluso en nuestros días, en lo más profundo de las montañas del Alto Atlas, algunas mujeres que se van a casar se tatúan la cara para confirmar que están prometidas.

Mujeres tatuajes. Marruecos

Desde la salida de Marruecos de los artesanos judíos, las joyas ya no tienen el valor de antaño. Los judíos fueron los especialistas de la joyería en el Magreb desde hace varios siglos. León el Africano ya comentaba en el siglo XVI que los judíos eran los únicos que podían trabajar los metales preciosos en la ciudad de Fez. En aquella época y, según una interpretación del islam, vender este tipo de metales para conseguir una alta rentabilidad no era muy ético e iba en contra de los buenos principios morales de la persona.

Saharaui. Marruecos

Sin embargo, en algunas regiones como Tiznit y Tafraoute, existían algunos grupos de artesanos musulmanes que trabajaban la plata y el oro. Cada tribu, desde la frontera con Mauritania hasta el norte de Marruecos, poseía joyas que representaban su grupo étnico desde hace siglos. La plata era el material más utilizado ya que su color blanco era considerado como benéfico. Las creaciones eran sólidas, robustas y sencillas, sobre todo en el Alto Atlas y en el valle del Draa. Por el contrario, en el norte de Marruecos preferían el oro a la plata. En ambos casos, el comercio era muy fructífero, entre otras cosas porque un hombre antes de casarse debía regalar a su prometida la mayor cantidad de joyas que le fuera posible.

Mujer con joyas. Marruecos

Brazaletes, fíbulas, pendientes y cadenas con antiguas monedas o piedras engarzadas, eran y siguen siendo objeto de deseo para cualquier mujer. Actualmente, incluso en los apartados mercados de pueblos remotos del Atlas o de las zonas desérticas, se encuentran vendedores ambulantes ofreciendo joyas o bisutería más simple, sencilla y barata para el uso diario. Las antiguas creaciones de joyas se guardan y conservan como oro en paño. En las grandes celebraciones es cuando se puede disfrutar de la visión de objetos que ya son de colección. En mis primeras expediciones por las montañas del Atlas, casi siempre aparecían niñas o mujeres jóvenes ofreciéndome alguno de estos tesoros. Por suerte, eso me permitió guardar algunas piezas que ahora yo sí conservo como oro en paño. En la actualidad, el plástico está tomando el relevo a una tradición secular que tiene los días contados. Siempre recuerdo las palabras de una anciana bereber cuando me dijo en el interior de su kasba en medio del Alto Atlas: “los tiempos futuros nunca serán mejor que los tiempos vividos en mi infancia”. Qué razón tenía.

Mujeres en Ahwach. Marruecos

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